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TESTIMONIO VOCACIONAL - El seminario
Echar las redes

TESTIMONIO VOCACIONAL

By 22 septiembre, 2015 No Comments

Propiamente mi respuesta a la vocación cristiana comienza en la etapa de la secundaria cuando considero colaborar en la catequesis parroquial en una zona de mi colonia con características periféricas, es así como tomo conciencia de que el llamado a la vida cristiana tiene consigo una responsabilidad de misión.

Mi nombre es Jovani Fernández y curso actualmente el primer año de filosofía. Al tener el gusto de compartir mi proceso vocacional hago la necesaria pausa en el hecho concreto del don de la fe dado por Dios mediante mis padres a través del bautismo, ya que necesariamente la vocación en la vida cristiana tiene su origen en la realidad como hijo de Dios a través de dicho sacramento, por tanto mi proceso vocacional comienza en casa, con una familia católica que educa a sus hijos consecuentemente en la fe y en los valores de la Iglesia, además participé durante la infancia de la catequesis parroquial y participé en la Legión de María.

Propiamente mi respuesta a la vocación cristiana comienza en la etapa de la secundaria cuando considero colaborar en la catequesis parroquial en una zona de mi colonia con características periféricas, es así como tomo conciencia de que el llamado a la vida cristiana tiene consigo una responsabilidad de misión, es decir, de anunciar aquello que recibimos de manera gratuita, es ahí en la misión donde percibo el llamado de parte de Dios a ser sacerdote, el contacto real con la necesidad de las personas de recibir el mensaje de Cristo, pero sobre todo mi necesidad de responder a una llamada especifica que engloba toda mi persona y la capacitación que hace la llamada para atender una situación específica.

Después de este periodo en la catequesis parroquial, entré al seminario menor, esta etapa fue una experiencia temprana de respuesta al llamado en la vida sacerdotal, con las características propias de un adolescente que ha optado por responder a un llamado, cursé esta etapa con muchas ilusiones, aciertos y oportunidades de crecimiento, opino que el seminario menor fue una gran aventura en mi vida, que trajo consigo grandes experiencias de fe, de vida de iglesia, y grandes retos de maduración personal, como es el hecho de encontrarse con más adolescentes para integrarse a un mismo itinerario de formación que desde luego será vivido y apropiado de diverso modo.

En la etapa inicial cursé los primeros años de formación en mi tierra natal Tijuana, donde por primera vez veo de frente de manera propia la formación sacerdotal, con sus exigencias de vida espiritual, pastoral, académica y desde luego humana con el objetivo de configurarse con Jesús Buen Pastor, nuestro modelo de vida sacerdotal. Después de esta etapa paso un año en casa, un año que desde luego a manera personal lo sumo, lo considero, un año de formación, pues con claridad alcancé a ver oportunidades de crecimiento tanto en el área humana, como en mi proceso de respuesta al llamado a la vida sacerdotal.

Mi inserción a la Arquidiócesis de México ha sido toda una experiencia de fe, llena de providencias, providencias que desde luego tienen nombres específicos de sacerdotes, de hermanos seminaristas, de fieles que me han abierto las puertas de sus vidas y me han mostrado por una parte la fidelidad de Dios, y por otra parte han incentivado una respuesta, cierto que con mucho camino que recorrer pero presta para recibir la formación en esta Iglesia especifica.

Finalmente, agradezco a todos los fieles que de manera anónima y llena de amor colaboran continuamente por su Iglesia con la formación de los futuros sacerdotes, es necesario corroborar el agradecimiento y las oraciones de la comunidad formativa que se prepara para servir en esta arquidiócesis.