Echar las redes

TODO COMENZÓ POR UN TAMAL

By 11 mayo, 2016 No Comments

Testimonio vocacional de Gerardo Campos Cuevas, alumno del Seminario Conciliar de México. Señor: “Formé parte del Grupo de Monaguillos por culpa de un ‘tamal’, pues una mañana de sábado estaba enfermo y se me antojaba un tamal, se lo pedí a mi mamá, y me dijo que me lo compraba con la condición de entrar al Grupo de Monaguillos, aunque fuera una clase.”

Hoy te contaré cómo nació mi vocación. Es motivo de alegría compartírtelo, porque el tiempo de atender el llamado de Dios en el Seminario Menor, ha sido el mejor de mi vida.

Soy Gerardo Campos Cuevas, hijo único, originario de Xochimilco, del pueblo de San Mateo, Xalpa. Estoy estudiando el tercer año de preparatoria en el Seminario Conciliar de México. Cuando tenía 11 años inicié mi formación católica: hice la Primera Comunión y la Confirmación en la Parroquia de San Bernardino de Siena, en Xochimilco.

Concluyendo el Catecismo, mi madre se integró a la Escuela de Pastoral, y pensé que las mañanas de los domingos iban a ser para mí, sin saber que mi mamá ya me había integrado al grupo de “Semilleros”.

Al principio no quería ir, pero conforme fue pasando el tiempo me fui llenando inconscientemente de Dios; después formé parte del Grupo de Monaguillos por culpa de un “tamal”, pues una mañana de sábado estaba enfermo y se me antojaba un tamal, se lo pedí a mi mamá, y me dijo que me lo compraba con la condición de entrar al Grupo de Monaguillos, aunque fuera una clase… ¡tuve que entrar! aunque sigo esperando el dichoso tamal. Pero bastó sólo con una clase para enamorarme del servicio al altar de Dios.

En el Grupo de Monaguillos aprendí poco de Liturgia, y fui alimentando mi alma hasta llegar a sentir una necesidad que aún no sabía expresar, sólo que me encantaba ser monaguillo. Más tarde fui ceremoniero y recibí más responsabilidad, más autoridad, y sobre todo más amor.

Era una tarde de primavera, y un chico llegó preguntando a todos que si tenían la inquietud de entrar al “Seminario Menor”, y aunque no tenía claro lo que quería, levanté la mano y empecé a ir al COV (Centro de Orientación Vocacional). Iba en segundo de secundaria, no era algo muy formal, y había veces en las que me llenaba de miedo, un miedo inexplicable, como si alguien me obligara o no me dejara entrar al Seminario. Pasando al tercer año de secundaria pedí informes en el Seminario Mayor donde me entrevistaron; más tarde, empecé acudir al COV en el Seminario Menor, cada quince días acompañado de chicos que compartían la misma inquietud que yo.

Hice el preseminario y fui aceptado. También realicé el examen del COMIPEMS para la preparatoria y quedé en mi primera opción, pero preferí decirle “SÍ” a Dios. Hasta el día de hoy puedo decir que me he encontrado con varias personas, en especial una que me ha ayudado a poder discernir este llamado, y siempre me repite que Dios está cerca y hasta creamos una frase: “El cielo nos conecta”. Cada día que pasa, me doy cuenta de lo que Dios quiere de mí, aunque claro, es importante orar todos los días, así que, queridos hermanos y hermanas, como dice S.S. Francisco: “No se olviden de orar por mí”.

Fuente: SIAME