Echar las redes

TRABAJÉ EN EL CAMPO, COMO MECÁNICO Y EN CAMIONES; HOY ESTUDIO PARA SER SACERDOTE

By 17 diciembre, 2015 No Comments

Testimonio vocacional de José Arturo Gutiérrez Villanueva, alumno del Seminario Conciliar de México. Mi vocación ha sido una muestra de la misericordia de Dios. Cuando yo tenía 8 años entré al grupo de monaguillos en la parroquia del centro de Cuautla, ahí estuve participando casi por ocho años, sin jamás pesar en ser sacerdote.

¡Hola a todos! Es un gusto poder compartirles el misterio del llamado que Dios me da. Mi nombre es José Arturo Gutiérrez Villanueva, soy originario de Cuautla Morelos, y tengo 22 años. Mi padre se llama Arturo Gutiérrez Ortigoza y mi madre Josefina Villanueva Bello. También tengo dos hermanos, Mario de 15 años y Perla de 6, esta es la familia que Dios me ha dado como gran regalo de su misericordia y amor.

Mi vocación ha sido una muestra de la misericordia de Dios. Cuando yo tenía 8 años entré al grupo de monaguillos en la parroquia del centro de Cuautla, ahí estuve participando casi por ocho años, sin jamás pesar en ser sacerdote. Mientras estuve con los monaguillos conocí a varios seminaristas, cada sábado nos reuníamos y siempre me agradaba su alegría y trato que tenían con nosotros.

Uno de ellos llamado Israel me invitó a formar parte de los seguimientos vocacionales en el Seminario de Cuernavaca; yo iba en primer año de preparatoria y por curiosidad acepté ir cada mes. Me sentía muy contento de ir, parecía que ya me gustaba,  pero tenía miedo sobre lo que me esperaba. Pasó un tiempo, y casi al terminar el año escolar, me hicieron la invitación a participar en el preseminario. Sin pensar dije que sí, y fui. Mis padres se quedaron extrañados porque yo les pedí permiso para ir a un retiro; ellos no sabían que era para entrar al seminario. Terminó el preseminario y me aceptaron, llegué con mis papás y les dije que me iba a meter al seminario; sin darse tiempo de pensar se alegraron y me dejaron ir. Entré en segundo año de preparatoria en el Seminario Menor y ahí terminé la preparatoria. Al acabar esta etapa, mis padres empezaron a tener problemas y terminaron por separarse, fue un dolor y una preocupación muy grande por mi hermano. Pasé al curso introductorio en el Seminario pero por la preocupación me salí a los pocos meses.
Estuve casi dos años fuera, primero ayudando a mi familia y sobre todo a mi hermano, también trabajando en el campo, luego de mecánico y al final en una terminal de autobuses; pensé que ya no volvería al Seminario porque ya tenía novia y malas amistades que me habían provocado problemas. Sentía que había tocado fondo y que Dios me había abandonado, sin darme cuenta que yo era el que lo abandonó. Pasó en tiempo y las cosas se calmaron, quise regresar al Seminario pero algunos problemas me lo impidieron, así que el rector me mandó al Seminario Conciliar de México para tener esta nueva oportunidad, acepté y aquí estoy, lleno de bendiciones, de grandes amigos y de la compañía de la Virgen de Guadalupe, que siempre me cuidó en el peligro de toda mi vida, me siento muy contento y agradecido por esta nueva oportunidad que Dios me da a pesar de mis limitaciones y ofensas.

Fuente: SIAME