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UN PADRE ME DESCRIBIÓ SU ORDENACIÓN SACERDOTAL, Y DECIDÍ SEGUIR A CRISTO

By 28 enero, 2016 No Comments

Testimonio vocacional de Kevin Pablo Alejandro Torres Balcázar, alumno del Seminario Conciliar de México. Casi al terminar la preparatoria, comencé a trabajar en la parroquia como sacristán. Era fascinante, tenía mucho diálogo con la gente y a su vez podía hablar más con el párroco. Un día dos momentos se unieron, Cristo se hizo presente.

Mi nombre es Kevin Pablo Alejandro Torres Balcázar, sí, lo sé, muchos nombres, pero cada uno de ellos tiene un significado especial. Mi vocación podría decir que empieza en la primaria, cuando iba a acabar el sexto año, y le rogué a mi madre me dejara ser sacerdote. Debo admitir que no sabía cómo se era sacerdote, pero descubría en ellos algo muy especial.

Naturalmente mi madre, Margarita, al reconocer que era muy pequeño, no me dejó y me sugirió estudiar la secundaria; a la par de esto, ingresé como monaguillo en la parroquia de Santa Eduwiges, misma que llevo en lo profundo de mi corazón pues ahí fue madurando mi proceso vocacional, junto con el párroco Alejandro Meave, el cual por cierto, con su testimonio y vida sacerdotal, fue llamándome a enamorarme cada vez más del sacerdocio y la comunidad parroquial. De pronto hubo un “desierto”, dejé de escuchar la voz de Aquél que en un principio me había llamado, y me alejé, me perdí, diría yo.

Y así pasé dos años, hasta que un día en la preparatoria, con lágrimas en los ojos y sentado en la calle desesperado, esa voz empezó a llamarme, me seguía amando después de todo. Gracias a mi tía Mary, mi querida tía, me dijo que había rezado a la Virgen para que el Señor entrara a mi corazón y ahí fue cuando empecé a ver de nuevo, a descubrir cómo Dios utiliza cualquier medio para llamarte. Fue así como regresé a donde había “terminado todo”, a la Iglesia. Pedí que me aceptaran de nuevo como monaguillo, ya tenía 16 años. Fui aceptado y en ese entonces un seminarista coordinaba el grupo de monaguillos, todo había cambiado.

Casi al terminar la preparatoria, comencé a trabajar en la parroquia como sacristán. Era fascinante, tenía mucho diálogo con la gente  y a su vez podía hablar más con el párroco. Un día  dos momentos se unieron, Cristo se hizo presente. El seminarista que hacía apostolado ahí había dejado una foto de todos los seminaristas, estaban los padres formadores, el cardenal, todos.

De pronto, cerré los ojos y vi el rostro de cada uno de los que ahí estaban, y no vi un rostro humano, vi a Cristo, que se hacía presente en cada uno ellos. Esa misma noche el padre, ya cansado después de las celebraciones, se sentó y le pregunté sobre cómo había sido el día en que se había ordenado. Lo platicó de una forma tan bella, que mire a la cruz fijamente esa noche y lo decidí. Ahí sabía que quería ser sacerdote.

Actualmente estoy realizando mi apostolado en la parroquia de Santa Irene con el padre Gilberto López. Me encuentro en el primer año de Filosofía de la formación sacerdotal, y estoy muy contento de poder responder a Dios de una forma tan especial como es el entregar la propia vida al Amado.

Fuente: SIAME