Echar las redes

VEÍA A MI PAPÁ ORAR DE RODILLAS, Y AHORA QUIERO SER SACERDOTE

By 16 noviembre, 2016 No Comments

Mi nombre es David Cárdenas Villanueva, tengo 31 años, soy originario del estado de Guanajuato y el menor de cinco hermanos. Actualmente curso el tercer grado de Filosofía en el Seminario Conciliar de México.

Cuando era niño, acompañaba a mis padres a su reunión semanal del Movimiento Familiar Cristiano, lugar donde comencé a conocer la figura sacerdotal, a orar en comunidad y a comprender el significado de la fe. Veía cómo las familias se reunían en diferentes domicilios para hablar de Dios y sobre la importancia que tiene la familia. Yo escuchaba indirectamente lo que sucedía en esas reuniones porque pasaba gran parte del tiempo jugando con los demás niños. Esto duró aproximadamente ocho años.

Mi primer encuentro con Dios lo vi expresado cuando observaba la piedad de mis padres, en particular la de mi papá. Todas las noches lo escuchaba hacer oración ante Cristo Jesús, siempre de rodillas y con sus manos junto a su boca. Ahí comenzó esa curiosidad de querer saber realmente quién era ese hombre que mostraba tanto dolor en su rostro, y al que todo mundo amaba. Fue así que ingresé a un grupo para adolescentes llamado Nazaret, y posteriormente a una estudiantina; en ambos lugares viví las experiencias más inesperadas, descubrí que Dios me amaba pese a todos mis errores, que Él era quien me sostenía en toda dificultad, el que me consolaba en mis tristezas, y quien se alegraba conmigo en todos mis éxitos.

Pasados los años, me hicieron una invitación para conocer el seminario franciscano. en ese momento, nació en mí el deseo de entregarme totalmente a Dios, para servirle como pastor de su rebaño a través del sacerdocio. Fue así que ingresé a estudiar la preparatoria en el Instituto de los Frailes Menores. En aquel lugar aprendí lo que significa despojarse de sí mismo para seguir las huellas del Señor y llevar su Palabra a los más alejados. Posteriormente, y por azares del destino, ingresé a la Facultad de Derecho, comencé a trabajar, a tener comodidades, pero algo no estaba del todo bien, un anhelo en mi corazón ardía, nada llenaba mi vida.

Cierto día, asistí a una comida que ofrecía un sacerdote al cuál no conocía. La familia que me hizo la invitación me lo presentó y empezamos a conversar. No sé en qué momento inició un diálogo sobre aquel proceso vocacional que había emprendido años atrás, y de su boca salieron las siguientes palabras: “Dios ha tenido todo este tiempo un lugar reservado para ti, es momento que hagas uso de él, no tengas miedo”.

A partir de aquel día, y a ejemplo de la Virgen María, decidí dale un “sí” al Señor en todo momento, sin miedo, sin reservas y lleno de fe.

Encomiendo mi vocación, y a mi familia a tus oraciones, toma en cuenta hermano(a) que tu estas siempre en mis plegarias. Dios te bendiga siempre.

Fuente: SIAME