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Vivir la Semana Santa: ¿Estar o no estar?

By 16 abril, 2019 No Comments
Semana Santa

El Domingo de Ramos, la liturgia de la Palabra nos propone meditar sobre uno de los relatos de la Pasión de Jesús, con la finalidad de ir preparando nuestro corazón para lo que se va a vivir a lo largo de la semana y en el triduo pascual. Sobre este pasaje, valdría la pena centrarnos en la escena de la oración de Jesús en Getsemaní ¿Por qué valdría la pena contemplar con detenimiento este momento? Mirar a Jesús postrado en oración en el preludio de todo lo que en los días siguientes iba a padecer, es aguardar en el inicio de los relatos de la Pasión, tal y como nos lo proponen los evangelistas.

Esta reflexión nos lleva a caer en cuenta de algo esencial para el cristiano: no se puede vivir la Semana Santa sólo como un tiempo de vacaciones, o por otro lado de mucho que hacer, no habla de un buen proceso de vida cristiana aquél que simplemente pasa indiferente frente al misterio más grande de la iglesia. Como los apóstoles, hay que tomar una posición frente a la Pasión del Señor, y esto no puede menos que determinar nuestra vida. Guiados por el evangelio de Mateo, Marcos y Lucas recobremos el sentido del misterio y propongámonos en estas letras decidir un camino que marque nuestra vida en este Triduo Pascual.

En Mateo son reiteradas las ocasiones en que Jesús invita a sus discípulos a padecer junto a él en Getsemaní: “quedaos aquí y velad conmigo” (Mt 26,38), Marcos también escribe “quedaos aquí y velad” (Mc 14,34). Mientras que en ambos está el imperativo o la invitación a permanecer orando, Mateo subraya que no es un momento que se pueda vivir solo, que se tiene que velar en compañía de Jesús. Sin embargo, más adelante, Jesús los encuentra dormidos.

“¿No habéis podido velar una hora conmigo?” (Mt. 26, 40)

Lo trascendente de esta frase es que al decir conmigo queda de manifiesto la participación del discípulo en los sufrimientos de Jesús como una forma muy concreta, y hasta ese momento desconocida, de estar con él. Y los evangelistas que hemos mencionado, también nos revelan el fracaso de los discípulos: no viven de acuerdo con esta petición de Jesús, ya que fue uno de sus discípulos el que en el momento de la prueba actuó con impaciencia hiriendo al prójimo, fueron ellos quienes abandonaron a su maestro cuando era entregado a la muerte, es uno de ellos, el que lo negaría ante los romanos para no padecer con él el suplicio. En todo esto cayeron por la flaqueza de su fe, que les impedía oír aquello que Jesús en aquel huerto les pidió.

“Todos le abandonaron y huyeron” (Mc. 14,50)

En lo que coinciden los tres evangelistas, con cierto recelo, es en admitir esta negativa frente a la petición de Jesús, que incluso, en todo lo que llevaba de ministerio, no habían sido muchas. Lo que sucede a continuación en los relatos de la pasión, es que gradualmente la escena nos muestra qué es aquello que entorpece su labor: la cobardía. Y es que Jesús llama a los tres discípulos más cercanos “tomó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan” (Mc 14,33), y frente a esto, ellos reaccionan con la antítesis: permanecen lejos de él, como lo dice la escritura. Este hecho será remarcado por el evangelista hasta el momento de la cruz en donde Jesús grita:

“Dios mío, Dios mío ¿Por qué me has abandonado?” (Mc. 15,34)

En el capítulo 14 del evangelio de Marcos, a partir del versículo 50, podemos constatar el destino de aquellos que no permanecieron con Jesús. Uno de ellos prefirió dejar el lienzo que lo cubría y huir desnudo, o el momento en que Pedro que quería permanecer con él, terminó negándolo. Se condujeron con tal cobardía que Marcos rehúsa incluso darles el nombre de discípulos en este pasaje, incluso Jesús ya no se refiere a Pedro con el nombre que él le había otorgado, sino que lo llama Simón:

“Volvió después y los encontró dormidos. Dijo entonces a Pedro: Simón ¿ya estás dormido?, ¿ni una hora has podido velar?” (Mc. 14, 37)

La fractura que puede generar en la relación con Dios esta cobardía, e incluso en la propia persona, puede ser muy dolorosa, se resalta que en este miedo y ocultamiento ante la voluntad del que ha llamado se puede perder la confianza, la seguridad y hasta la identidad, aquella que se me ha dado como un regalo. Incluso el Papa Francisco hoy también nos dice que no tengamos miedo, porque con miedo no se puede ser discípulo de Jesús.

Frente al panorama de la petición de Jesús y la tentación de dejarlo solo, Lucas agrega a un detalle especialísimo en su relato. Al darnos su visión, nos deja también una gran ayuda, no sólo se trata de quedarse y velar con Él, como lo vimos en los dos primeros pasajes, aquí pone en juego la oración:

“Orad para que podáis hacer frente a la prueba.” (Lc. 22,39)

Este detalle que se nos descubre aquí va de la mano de otro descubrimiento: el detalle del ángel que aparece y conforta a Jesús: “Entonces se le pareció un ángel venido del cielo que lo confortaba” (Lc. 22,43). Esto sólo aparece en este evangelio, y en él se puede notar, con Cristo mismo como testigo, el poder de la oración, una súplica confiada siempre trae consigo el consuelo y la gracia para la prueba, siempre que hay oración hay respuesta de Dios. De la mano del Jesús que nos pide no dejarlo solo, debemos aprender también esto.

Entonces, ¿es verdad que el sueño es el que vence al discípulo? No, no es el sueño lo que lo hace desfallecer, sino la tristeza, podría ser la tristeza de la desesperanza y la propia fragilidad, al grado de dejarlos rendidos.

“Levantándose de la oración, vino donde los discípulos y los encontró dormidos por la tristeza” (Lc. 22,45)

En reiteradas ocasiones Jesús había hecho esta recomendación a sus discípulos, y él mismo dio los motivos por los cuales se debe orar. El evangelio de Lucas puede hoy alcanzarnos a nosotros, con algunas implicaciones de la oración: el padre del cielo dará el Espíritu Santo (Lc. 11,13), su oración ha de ser verdadera oración (Lc. 18,13), deben orar en todo momento (Lc. 21,36) y, por último, orar para no caer en la tentación (Lc. 22,40). Atendamos esto, pues sin oración no puede llegar la vida que esperamos recibir de Dios, de mi comunicación y apertura a Dios dependerá que sea posible vivir esta Semana Santa.

El Señor no quiere enviarnos a la deriva en esta travesía, ni quiere mandarnos en la oscuridad a encontrarlo en este Triduo Pascual, pues ya vimos que él mismo nos mueve y nos guía por medio de su palabra:

Mateo, nos enseña que lo que Jesús quiere en este momento de dolor es que estemos con él, que lo acompañemos. Pero debemos cuidarnos del riesgo de presumir estar “cerca” sin transmitir a los demás que en verdad lo estemos.

Marcos nos enseña que no debe de haber discípulos cobardes, pues cuando Jesús da su vida, está convencido de que la está dando por amor y actúa decidido. Y en ocasiones los que estamos cerca de Jesús solemos ser los que decidimos estar lejos.

Lucas nos dice que no podemos ser discípulos vencidos ni con vidas que se limiten al ahora terrenal y corazones vacíos. Debemos dirigirnos a Dios en la oración.

Así como vivimos la Semana Santa año con año, estas escenas del evangelio se hacen actuales, y nos dice algo muy similar a aquellos apóstoles. Él se encuentra solo en un hospital, en la cárcel o en cada hermano que encontramos a nuestro alrededor y nos pide que dejemos a un lado la indiferencia y todo aquello que pueda dañar al hermano. Él sabe de la tentación de huir frente al dolor y el compromiso y lo fácil que es para nosotros decir “todos lo hacen”, no comprometernos con nuestra vocación o simplemente callar la injusticia, si caemos en esto, es posible que lo hemos dejado solo.

Y si hemos caído en la tentación de alejarnos, puede ser que justo en ese momento, algo esté pasando en nuestro corazón, el mal más alarmante de la sociedad actual: la falla en nuestra relación con Dios, la falta de oración. Es paradójico que, siendo un regalo como lo dijimos, haya templos cerrados y capillas del Santísimo abandonadas. No olvidemos que, como lo he dicho arriba, hay cosas que se pueden sólo si cuentas con la oración, revisa tu corazón y pide aquello que necesites para no dejes solo a Cristo en el necesitado.

Te invito a considerar en estos días aquello que he dicho en este artículo, con el fin de albergar en tu corazón la decisión de vivir la Pasión de Jesús como él lo pide de ti: en su compañía. Sin embargo, en este inicio de la Semana Santa, tú eres libre de acompañar a Jesús de la manera que más te guste. Pero sabiendo que él te ha dado por el bautismo la identidad y la misión de un discípulo valiente, que permanece cerca de Él, y que estos días y este misterio pascual son para ti. Por eso te deseamos que la logres hacer tuya y vivas el gozo de la Pascua de la Resurrección.

Omar Sánchez Sánchez

3ro de Configuración

 

Reto del Mes

Te proponemos este mes, durante la Semana Santa y la semana de Pascua hacer un poco de turismo religioso; aquí un top 5.

 

  1. Catedral Metropolitana en el Zócalo Capitalino.
  2. La Parroquia de San Jacinto en Calle Plaza San Jacinto # 18 bis, Colonia San Ángel.
  3. La colección Franz Mayer en el Museo Franz Mayer ubicado en Hidalgo 45. Centro Histórico.
  4. La Galería “Antiguos maestros europeos y novohispanos” del Museo Soumaya Plaza Carso.
  5. Templo expiatorio “Cristo Rey”; Antigua Basílica de Santa María de Guadalupe.

 

Avisos

11: Misa a puertas abiertas

14 al 21: Semana Santa