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VOCACIÓN... ¿YO? - El seminario
Echar las redes

VOCACIÓN… ¿YO?

By 11 enero, 2017 No Comments

La vocación no es una fórmula matemática o lógica infalible. Se manifiesta con signos concretos.

Una de las principales preguntas que inquietan a nuestros jóvenes es: ¿yo puedo ser sacerdote? Ciertamente, hablar de vocación no es hablar de una fórmula matemática o lógica infalible, pero sí podríamos dar algunos rasgos fundamentales que quizá te ayuden a saber qué te está ocurriendo.

Básicamente, si quisiéramos encontrar una ecuación de la vocación tendríamos que decir que:

Sacerdote = Vocación + Idoneidad

Vocación es una palabra de origen latino que hace referencia a llamar. ¿Quién llama? ¡Dios es quien llama! Por tanto, resolver si alguien tiene vocación es un asunto muy complicado que implica a dos: a Dios y a ti. Nadie puede decirle a otro: “tú tienes vocación”, o lo contrario: “tú no tienes vocación”.

La vocación se manifiesta con signos concretos que deben ser identificados y promovidos por aquellos a quienes la Iglesia les ha confiado la ardua y difícil labor de acompañar el proceso vocacional de los jóvenes. Es decir, se juzga la “Idoneidad” de un candidato al deliberar si un joven está en el momento adecuado de su equilibrio para poder seguir a Cristo en la vocación sacerdotal diocesana. ¡Esta es una labor sumamente delicada! Por eso, además de pedirle a Dios que clarifique tu vocación, pídele por aquellos que trabajan siguiendo los procesos vocacionales.

Si Dios y el candidato son los únicos que pueden saber con exactitud qué vocación tiene cada uno, ¿por qué a algunos no les permiten entrar o avanzar en el Seminario? La respuesta es clara: la Iglesia es quien califica la idoneidad, y si no son evidentes los signos del llamado, o su respuesta vocacional no ha sido suficientemente contundente, más vale pedirle un tiempo de discernimiento al candidato; es decir, de reflexión para que él mismo revise si su llamado está ahí, y aún más importante, si está dispuesto a seguir a Jesús de manera libre y clara.

El Sacerdocio no se compra ni se gana, siempre será un don; es decir, un regalo de Dios para su Iglesia. Por ello, es muy importante que quienes estén dispuestos a seguir a Jesucristo y entregarse a los demás por el servicio en el ministerio ordenado, lo hagan con verdadera libertad y verdadero compromiso, en una palabra: con y por amor.

Carlos F. Amador Treviño D.
Seminarista